Las navidades venezolanas han estado marcadas por las protestas en las diversas latitudes del territorio nacional, incluidas ciudades que en el pasado fueron profundamente chavistas.

La escasez del pernil prometido por el gobierno nacional y que llegaría a cada hogar venezolano a través de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (Clap).

Otro paño caliente que no servirá de mucho que deja en evidencia el colmo del descaro de un gobierno dando patadas de ahogados, es la insólita distribución de pernil, donde de migaja en migaja, y apunta de rebanada lo reparten en El Pao, San Félix.

La revuelta popular la ha desatado la llamada «crisis del pernil». A bombo y platillo el presidente, Maduro prometió a la población más pobre y a la militancia chavista la importación masiva de perniles para Navidad. Pero no pudo cumplir su promesa, lo que provocó una ola de protestas en el país, especialmente en las zonas más desfavorecidas.

Pero Maduro no cree que la culpa sea suya, sino de Portugal, Colombia y EE.UU., como es habitual en su discurso del sabotaje externo. El mandatario venezolano acusó al gobierno de Portugal de sabotear la importación de perniles.  Lo que deja una vez más su incompetencia para gobernar un país.