El pasado miércoles 6 de septiembre el asesinato del niño David Gómez, en Caricuao, conmocionó a la población por los motivos que habrían llevado a la madre y al padrastro a cometer el crimen, sin embargo, y pese a diferentes teorías que circularon sobre el hecho, su madre rompió el silenció y declaró porqué fue cómplice de la muerte de su propio hijo.

Entre las diferentes teorías que se ligaron al móvil del crimen estaba de una presunta huída a Panamá, lo cual si viene a ser cierto pero no del todo, según publicó el diario El Universal en su portal web, donde se detalló que el niño estaba dado en garantía a una banda de delincuentes por asuntos de droga.

Iraida Zaiter, la madre del niño, admitió que su hijo era parte del pago de una deuda por drogas, su familia estaba enterada parcialmente de ello pero no tenía detalles. Esta sería la declaración oficial, pues son sus propias palabras la que ahora reposan en el expediente del cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc).

Al parecer, ella se vio en la obligación de dar a su hijo para que los delincuentes supieran que iba a pagar el dinero, pues estaba amenazada de muerte junto a su pareja actual, padrastro del niño y cómplice en el crimen, quien también consume estupefacientes El plan de todo cómo ocurriría fue de la propia madre, según declaró.

La supuesta desaparición del niño

Pero, las cosas se complicaron y el destino del niño quedó marcado cuando el padre biológico de la criatura se interpuso en el camino de Iraida. Jiván Gómez es su nombre y fue quien, sin saberlo, truncó los planes de la joven el domingo 3 de septiembre cuando fue a la vivienda de ella en Caricuao para pasar el día con su hijo.

Como el niño no estaba ella inventó rápidamente que el niño se le había desaparecido mientras cocinaba, por lo que el padre se alteró y lo buscó por todo el barrio, avisando a los vecinos de la supuesta desaparición. Jiván Gómez la obligó a poner la denuncia en el Cicpc y ella tuvo que fingir la desaparición pero los funcionarios no le creyeron.

Le dijeron que ese caso no procedía y que se fuera  a su casa o a la avenida Urdaneta, en la sede central del órgano policial donde fueron y llegaron hasta la división de Víctimas Especiales, donde Iraida ofreció dos versiones de la desaparición y no había hilo conductor de la historia. Los funcionarios citaron a la joven para el día lunes para ser interrogada nuevamente en compañía de su pareja y del padre biológico del niño.

Ese lunes lunes la mujer fue interrogada nuevamente por una psicóloga y determinó que estaba mintiendo con la desaparición del niño, por lo que los funcionarios decidieron abrir una investigación por simulación de hecho punible. Mientras esto sucedía, el padrastro del niño esperaba afuera y como se sintió acorralado por la cantidad de horas que la mujer estuvo declarando, se fue sin decir nada.

Mientras, una comisión policial fue hasta la casa de la pareja para verificar y averiguar en la zona ya que sabían que ambos padres mentían y querían encontrar al niño lo más pronto posible. Al padrastro lo rastraron telefónicamente y lo ubicaron en la población de Birongo, en Barlovento.

Mientras esto sucedía, los delincuentes tenían el niño y se comunicaron con el padrastro y le dijeron que iban a matar al niño y dejar el cadáver detrás de su casa en el barrio porque los habían delatado y la policía estaba en el barrio. Así mismo confesó el sujeto a una hermana del hombre, quien fue la que contó todo a los policías y fueron hasta Birongo a detener al hombre.

La muerte del niño 

La comisión del Cicpc se activó de inmediato y fue hasta la vivienda a ver si estaba el cadáver del niño y así fue. Estaba a 40 metros de la casa, en una zona montañosa, dentro de una bolsa gigante de perrarina. No lo enterraron y el cuerpo del niño presentaba una herida abierta en el abdomen.

La pareja confesó todo pero aún falta identificar a los autores materiales del crimen. La hipótesis de viaje a Panamá fue aclarada por el padrastro, quien declaró que sí había trabajado de chofer allá con un hermano, pero no tenía planes de regresar a ese país por el momento porque tenía que pagar la deuda con los delincuentes y después irse.

Ambos declararon ser cómplices y que le habían “entregado su hijo al Diablo”. Nunca delataron a los delincuentes a quienes le debían el dinero de la droga.




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