A lo largo de sus 76 años de existencia, el partido Acción Democrática (AD) ha sido protagonista de una variopinta colección de momentos que ha definido su carácter político. La subordinación de cuatro de sus gobernadores recién electos ante la Asamblea Nacional Constituyente, cuestionada antes por ellos mismos, se unió a ese listado.

“AD nació para hacer historia”. Esta frase pronunciada por Rómulo Betancourt el 13 de septiembre de 1941, en el célebre mitin en el Nuevo Circo de Caracas que dio origen a la tolda blanca, no ha dejado de ser cierta y son muchos los aspectos que, para bien o para mal, han corrido junto con el paso de esta organización en las transformación de la vida democrática de Venezuela.

La juramentación el lunes 23 de octubre de Laidy Gómez, Antonio Barreto Sira, Ramón Guevara y Alfredo Díaz ha puesto al partido de nuevo en el ojo del huracán, pues hay quienes aseguran que esa acción fracturó la unidad opositora y son pocos los que, hasta los momentos, se atreven a defender o justificar la decisión.

El historiador Elías Pino Iturrieta observa esta situación como parte de lo que describe como el ocaso de un ciclo histórico, protagonizado principalmente por el partido de Gobierno, en el que a manera de “sobrevivencia” se quieren plegar otras tendencias.

“Estamos contemplando la posibilidad de la clausura de un proceso histórico, y cuando ocurren hechos como este cierre, las fuerzas agotadas o en declive se juntan para buscar sobrevivencia. ¿Que quiénes son esas fuerzas en declive? Pues AD, el partido dominante desde 1958, que entra en el tobogán que lo va a sacar del teatro y la llamada revolución bolivariana, que también está en el borde del precipicio. Ante a esa situación agónica, se juntan para hacer causa común

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Sobrevivir políticamente en un país como Venezuela es difícil, y esas jugadas “suicidas” de factores como AD no significan más que un intento de conservar el liderazgo entre sus adeptos más fieles, aun cuando el resto del país lo perciba como una traición y el partido más antiguo del país corra el riesgo de ser sepultado por la historia, añadió el historiador.

“Esto es el corolario de la actual Acción Democrática, el que fuera un gran partido. Las fuerzas del llamado ‘madurismo’, igualmente, son el corolario de lo que pudo ser un proceso de transformación durante la administración de Hugo Chávez. Ambos se unen y resuelven vivir en el mismo domicilio, vivir en la misma casa, ante el temor de que la gente harta, desencantada, muerta de hambre y alejada de la salud física o mental, les de una patada histórica. Los que se juramentaron lo hacen como parte de una procesión que quiere detener su camino al cementerio y los juramentadores están en el mismo empeño: llevarnos a un teatro para verse fuertes, que los veamos vivos. Pero los dos elementos son débiles y están llamados a la muerte histórica “, sentenció.

Cronología del poderío blanco 

Acción Democrática ha logrado estar cinco veces al frente de la presidencia de la república entre 1958 y 1993, con la cifra más alta de presidentes en toda la historia democrática de Venezuela: Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos, Raúl Leoni, Carlos Andrés Pérez (dos veces) y Jaime Lusinchi, además de los presidentes provisionales Octavio Lepage (1993) y Ramón José Velásquez (1993-1994).

La credibilidad del partido sufrió, sobre todo por causa de hechos de corrupción y problemas económicos que experimentó Venezuela durante sus dos últimas presidencias, es decir, las de Lusinchi (1984-1989) y CAP (1989-1993). Este último presidente fue destituido por corrupción, y como resultado pasó varios años en prisión (Fuente: Diario 2001).

TRas el derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez, Acción Democrática firmó con Copei y Unión Republicana Democrática (URD) el Pacto de Punto Fijo, el 31 de octubre de 1958, y a partir de entonces se alternaron en el gobierno representantes de AD y Copei.

Como el resto de los partidos políticos venezolanos, AD ha sufrido diversas escisiones a lo largo de su historia, siendo las más importantes la encabezada por los sectores juveniles radicales de izquierda que fundaron el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de ideología marxista. Desde las elecciones presidenciales de 1998, de sus filas también emergieron organizaciones políticas como Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia.

La más sensible de las divisiones se viviría al acercarse las elecciones del año 1968, cuando el sector dirigido por Luis Beltrán Prieto Figueroa abandona el partido y funda el Movimiento Electoral de Pueblo (MEP), que al dividir la votación hace perder el gobierno a AD.

Luego de ser expulsado en 1997, Carlos Andrés Pérez funda el partido Movimiento de Apertura y Participación Nacional como plataforma electoral con miras a las elecciones parlamentarias de noviembre de 1998. Claudio Fermín en 1998, al ser expulsado de AD, conforma la agrupación Renovación, que más tarde hace llamar, Encuentro. En 2000 Antonio Ledezma también es segregado y crea Alianza Bravo Pueblo (ABP).

Los comicios de 1998 fueron de los más traumáticos para la tolda blanca, ya que las encuestas no daban opciones de que ganara su candidato, Luis Alfaro Ucero, por lo que el partido, una semana antes de las elecciones, cambió su voto a Henrique Salas-Römer, único candidato – según las encuestas – capaz de disputar la presidencia a Hugo Chávez, quien ganaría de todas formas.

AD vive actualmente el mejor momento que ha tenido desde que arrancó el presente siglo. Ya en marzo pasado se había convertido en el partido político de la oposición que más firmas obtuvo para validarse ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), y recientemente consolidó su triunfo en las primarias que realizó la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), para elegir candidatos de cara a las elecciones regionales del próximo 15 de octubre.

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