Luego de que se informara oficialmente sobre la muerte del exinspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) Óscar Pérez quedó en manifiesto la indignación de quienes conforman la Fuerza Armada Nacional (FAN).

Al parecer, importantes oficiales consideraron que el operativo en el que murieron Pérez y su equipo terminó demostrando la pobreza de un hecho carente de organización, abundante en acciones erráticas, policialmente lleno de vicios.

Así lo reveló la periodista Sebastiana Barráez quien continuó: “Privó el odio personal, las ansias de complacer a quienes pedían la cabeza del joven inspector y piloto del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc), Oscar Alberto Pérez, quien el 27 de junio 2017 secuestró un helicóptero que sobrevoló Caracas y lanzó bombas sonoras sobre el TSJ y la sede del Ministerio del Interior y que, luego, el 18 de diciembre 2017, tomó por asalto el Comando de la Guardia Nacional Bolivariana (CZGNB-44), perteneciente al Cuarto Pelotón de la 1ra Compañía, ubicado en el estado Miranda. Dos acciones limpias, sin heridos y sin muertos”.

Sobre el mayor que estuvo al frente del operativo, Rafael Enrique Bastardo Mendoza, señaló: “Ese militar, desconocido para muchos, perteneció al Grupo de Acciones de Comando de la GN, donde ‘tuvo un desempeño regular, un poco indisciplinado y arbitrario’”.

Sobre el procedimiento, la comunicadora aseguró que señalaron: “¿cómo no íbamos a dar ese triste espectáculo, cuando en el lugar de los hechos todos querían dar órdenes? Allí no hubo un equipo con autonomía para actuar. Políticos que se creen militares, funcionarios civiles dando órdenes allí y otros por teléfono, pretendiendo que se cumplieran sin remota idea de lo que significa un escenario como el que se vivió ahí. Demasiado aficionado experto en películas de guerra. Claro, que eso tenía que salir mal”, comentó un oficial.

Mientras que un comandante del Ejército dijo que “ese error lo vamos a pagar caro, a nivel de opinión pública internacional. Dimos un pobre ejemplo de descontrol, falta de pericia y mal manejo de un evento al que solo había que aplicarle el manual. Eso ocurre cuando se desvirtúa la actuación profesional porque la única intención era matar al piloto y a su grupo, en lugar de considerar a tanta gente entrenada que hay en el país. El hombre ya estaba rendido y no era necesario asesinarlo. Eso lo estipula las leyes de la guerra con los prisioneros, está enmarcado en el Convenio de Ginebra, es lo que se llama honor al caído”.

Por su parte, un oficial activo del Ejército y que en el 2002 participó en el 4F confesó que fue “un procedimiento policial lleno de vicios.

Reconoció que hubo uso excesivo de la violencia, con inclusión de lanza granadas y vehículos de guerra. “No hubo un negociador, que era esencial, más aún cuando a través de las redes se vio la clara intención de negociar por parte de los rendidos, porque estaban rendidos. Además, la presencia de un fiscal del Ministerio Público como garante de la legalidad y la acción penal, tampoco se evidenció. Ni siquiera el acceso a la prensa”.