“La estamos reabriendo”, dijo el pasado 7 de septiembre el Fiscal General de la República que fue designado por la Asamblea Nacional Constituyente, Tarek William Saab, al asegurar que era “dudosa” la investigación en torno al asesinato del estudiante Juan Pablo Pernalete

El Ministerio Público que encabeza Saab concluyó en una primera “etapa de investigación” que el laboratorio criminalístico de la institución había sido utilizado para alterar las pruebas. Sin embargo, meses atrás Luisa Ortega Díaz indicó que Pernalete fue asesinado por un funcionario de la Guardia Nacional  (GN), que le disparó una bomba lacrimógena durante una manifestación el 26 de abril. La abogado expresó tal información tras analizar más de mil horas de videos provenientes de 20 cámaras diferentes.

Asimismo, señaló que se interrogaron a seis testigos, y realizaron: una autopsia, tres inspecciones técnicas en el sitio del suceso, seis levantamientos planimétricos, dos análisis químicos, 38 reconocimientos técnicos sobre evidencias físicas, dos análisis toxicológicos, dos análisis hematológicos, un análisis de ADN, un estudio radiológico, un análisis histológico, un estudio antropométrico, y un acoplamiento físico de dimensiones de cartucho y huella en ropa y lesión física.

“De acuerdo a nuestra investigación la muerte del estudiante se produce por un shock cardiogénico por traumatismo cerrado de tóxax, él fue impactado por un objeto como este (mostró un cartucho de bomba lacrimógena en la rueda de prensa)”, señaló Ortega Díaz el 24 de mayo en rueda de prensa.

Fuentes de la fiscalía señalaron que la investigación iniciada durante la gestión de Ortega Díaz se encuentra bien adelanta. “Solo faltó establecer la responsabilidad individual porque la Guardia Nacional no ha facilitado los nombres de los funcionarios que estaban en el sitio a la hora del suceso”, indicó un funcionario que pidió no ser identificado.

Mientras que un forense familiarizado con el caso manifestó a El Cooperante con una copia del acta de defunción que el proyectil metálico cilíndrico fue disparado a un metro de distancia, causándole importantes daños. El traumatismo cerrado de tórax dejó como resultado solución de continuidad del esternón y por ende destrucción del parénquima pulmonar de dichos órganos. Trayendo como consecuencia insuficiencia de la circulación menor, lo que se traduce una disminución de la fracción de eyección del ventrículo izquierdo, cayendo la víctima en paro cardiorespitarorio”, describió.

El joven de 20 años fue parte del centenar de víctimas mortales que se produjeron en el contexto de las protestas opositoras que se extendieron durante cuatro meses. En una de sus últimas declaraciones Ortega Díaz aseveró que las investigaciones “son incomodas para el Gobierno, pues consideran que las muertes en protestas no deben tratarse con veracidad, sino que por el contrario, buscan tapar la realidad para convertir los asesinatos en suicidios”.